Ogeid » 2006 » Octubre

Lectura obligatoria – Peopleware

Peopleware – Productive Projects and Teams, de Tom Demarco y Timothy Lister

Manejar un proyecto de software sin haber leído este libro (o al menos conocer sus conceptos básicos) es como conducir un auto con los ojos vendados. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones que conozco probablemente nunca hayan oído hablar de él.

Una pequeña síntesis de los puntos más salientes:

- el software es un trabajo de equipo
- no es fácil consolidar un equipo pero sí destruir uno

La gente que desarrolla software necesita:

- un ambiente agradable y silencioso
- sentir que tiene poder de decisión sobre el trabajo que desempeña
- un manager que sepa delegar y que escuche y respete sus opiniones e ideas
- aprender cosas nuevas continuamente, no “quemarse” (burn-out) y no aburrirse

El punto fundamental es que en la industria de software lo único que importa es la gente. Es casi imposible hacer buen software sin tener un equipo de gente apasionada y contenta con lo que hace. Por ejemplo, si en un proyecto de software todo el tiempo se hacen horas extra, el ambiente es opresivo y los intereses de los desarrolladores no están alineados con los de la empresa, el pronóstico es muy oscuro. En Flaptor tratamos de estar atentos para detectar este tipo de síntomas mucho antes de que se conviertan en problemas y por ahora parece que nos funciona.

Basta de Windows para mí

Mis primeras interacciones con Windows fueron a principios de los noventa, con la versión 3.0. En esa época me sentía muy cómodo usando DOS y no le veía el sentido a correr una aplicación extra para poder ver unas pocas utilidades en modo gráfico (recordemos que Windows era un programa que corría sobre DOS, y no se convirtió en un sistema operativo hasta años más tarde). A lo largo de los años, Windows se fue transformando en la norma para usuarios de PC. Paralelamente apareció Linux con su versión 1.0 en 1994 y descubrí el poder de la línea de comandos de Unix, que hasta entonces había sido algo inaccesible para un pobre estudiante (existía Minix pero era un juguete didáctico, no un sistema usable).

Hay que reconocer que técnicamente Windows fue mejorando a lo largo de los años. XP no tiene nada que ver con Windows 95 en cuanto a estabilidad. Es cierto, tuvieron algunos pasos en falso en el medio y todavía quedan muchos problemas por resolver. Por ejemplo, no he visto una laptop XP que al cabo de unos meses no tarde más tiempo en volver del modo “sleep” que en reiniciar el sistema. El shell de Windows sigue siendo prácticamente la misma patética coleccion de comandos de hace quince años, si bien existen extensiones gratuitas como Cygwin que permiten a un usuario técnico manipular archivos al estilo Unix.

Sin embargo, lo que más me molesta de Windows es la estrategia comercial de Microsoft. La última máquina Windows que compré fue una laptop Sony Vaio, hace dos años (hace más de cinco que sólo uso Linux en mis máquinas de escritorio). Vino con una licencia de MS Office que duraba seis meses, al término de la cual había que pagar para seguir usando el programa. Cada vez que uno cierra una aplicación de Office, se encarga de recordarnos que nos quedan X días de uso, al cabo de los cuales tendremos que pagar más dinero. Es como si uno comprara un auto con un estéreo programado para dejar de funcionar a los pocos meses (en realidad para mucha gente Office es algo más parecido a las ruedas o el motor). Digamos que no es una táctica muy amigable, y me recuerda bastante a una canción que decía “el primero te lo regalan, el segundo te lo venden”.

En su momento instalé Open Office, que al principio no era una opción aceptable ya que consumía cantidades monstruosas de memoria. Probé con aplicaciones separadas como AbiWord (procesador de texto open source), Gnumeric (hoja de cálculo) y otros, hasta que de a poco me acostumbré a prescindir de MS Office. Ahora que un gigabyte de memoria es prácticamente normal, Open Office también se está convirtiendo en una alternativa aceptable.

Por si esto fuera poco, con mi nueva MacBook he descubierto el placer de encender una máquina por primera vez y encontrar una interfaz gráfica impecable en un sistema Unix. Si bien OSX también tiene muchas cosas por mejorar, los detalles de usabilidad y la integración con el hardware hacen que uno pague gustoso la diferencia de precio respecto de una máquina equivalente con Windows. No voy a ponerme a enumerar todas las formas en que la MacBook me parece superior a cualquier sistema Windows que he usado. Lo que está claro para mí es que no me queda ningún motivo para volver a usar Windows en un futuro razonable, y Microsoft va a tener que hacer mucho trabajo si quiere recuperar a ex-clientes como yo. Probablemente seamos tan pocos que no les preocupe demasiado aún, pero veremos si continúa la tendencia.