Grandes conductores
Ayer mientras iba a la oficina vi pasar un motociclista a bordo de una potente Honda. Llevaba su casco obligatorio en el brazo, protegiendo en forma muy eficiente su codo izquierdo. Mientras pensaba en sacarle una foto y ponerla en este weblog bajo el título de “donante de codo”, se alejó a gran velocidad.
La semana pasada alguien me dijo una frase muy interesante: “en Buenos Aires la gente no maneja: compite. Y ni siquiera saben hacerlo”. Observando un poco la conducta de los automovilistas, se ven cosas como las siguientes:
- Automovilista A frena de a poco antes de llegar a un semáforo. B acelera a su costado, cambia de carril y se le pone delante en la “línea de largada”. Luego del semáforo, B arranca despacio.
- C está apuradísimo y arranca antes de que el semáforo se ponga en verde, apenas el de la transversal se pone en amarillo. Hace cien metros a toda velocidad para detenerse en el semáforo siguiente, que no está sincronizado con el anterior. Todos los demás autos lo alcanzan y lo acompañan en la espera. He visto el ciclo repetirse tres o cuatro veces, con la esperanza por parte de C de que comience una sucesión de semáforos sincronizados.
- A y B llegan a una intersección sin semáforo. Sería obligatorio que los dos frenen, pero en realidad se produce un intercambio veloz y primitivo para decidir quién pasa primero. Los factores a tener en cuenta son las relaciones entre tamaños, valores y velocidades de ambos vehículos.
- D maneja un colectivo (autobús, camión, etc). Por lo tanto ignora completamente al resto de los automovilistas. Se cambia de carril obligando a frenar a quien viene al lado.
También es cierto que estas actitudes suelen ser más vistas en hombres que en mujeres, dado que la mayoría de la gente que conduce en Buenos Aires son hombres. Es interesante comparar con Estados Unidos, donde la competencia está centrada en tener el auto más caro. Allí, donde conducir suele ser una necesidad imperiosa a falta de otros medios de transporte, la proporcion de sexos al volante es forzosamente igualitaria.
Por otro lado, hace tiempo que las compañías de seguro norteamericanas sostienen que las mujeres conducen mejor que los hombres. Este concepto suele ser malentendido: no significa que las mujeres tengan mejores reflejos o más habilidad sino que conducen de forma más segura y conservadora. Por este motivo su tasa de accidentes es menor que la de los hombres. También es menor la tasa entre hombres casados que entre solteros. Es probable que esto tenga algo que ver con la disminución de la necesidad de competir, o con sentirse responsable por otra(s) persona(s).