El email no deseado, o spam, es un tema que da mucho que hablar desde hace unos años. Para mi gusto se le dedica demasiada energía, no creo que merezca tanta prensa como, digamos, los accidentes de tránsito. Por supuesto que es algo molesto y sería bueno erradicarlo.
La tecnología actual para filtrar spam tiene que ver con los filtros bayesianos, llamados así por un resultado de probabilidad llamado teorema de Bayes. La idea básica es que la ocurrencia de una cierta palabra o frase en un mensaje contribuye a la probabilidad de que sea spam (free, viagra, offer, “satisfaction guaranteed”), mientras que otras frases inocentes contribuyen a la probabilidad de que no lo sea. Si el mensaje es spam con una probabilidad de, por ejemplo, 90%, lo descartamos.
Estos algoritmos funcionan bastante bien. Como ejemplos, ver A Plan for Spam y CRM114 (este último tiene una efectividad comparable a un ser humano decidiendo qué es spam y que no).
Existe otra solución posible que sería muy simple desde un punto de vista tecnológico aunque quizás no en cuanto a lo social. Se trata de agregar estampillas al correo electrónico. La idea es destruir el modelo de negocios de los spammers haciendo que el costo de enviar email (actualmente bajísimo) aumente hasta que sea imposible que obtengan una ganancia. Slashdot menciona un artículo del New York Times acerca de una posible implementación. No me convence demasiado porque la idea es que la estampilla electrónica proporcione una ganancia al proveedor de internet.
Mucho mejor sería lo siguiente (creo haberlo leído hace muchos años en el superoptimista The Road Ahead, de Bill Gates):
1) El usuario (yo, por ejemplo) decide cuánto quiere cobrar por leer spam. Digamos que yo decido que el esfuerzo de mirar un mensaje, decidir que no me interesa y borrarlo está bien compensado con veinticinco centavos.
2) Si alguien que no está en mi lista de contactos me manda un mensaje, le rebota con la siguiente advertencia:
“Dado que el destinatario no lo conoce, usted debe incluir en su email una estampilla de $0,25. El destinatario decidirá si la cobra o si se la devuelve.”
3) Si la persona que me envió el mensaje con la estampilla es un antiguo conocido, alguien con un motivo válido para contactarme, un amigo con nueva dirección de email, etc. no me quedo con sus veinticinco centavos. Puedo también agregarlo a mi lista de contactos para la próxima vez.
Si es un spam, cobro la estampilla y lo borro, feliz de haber ganado veinticinco centavos.
Dudo que esto se llegue a implementar, debido a la complejidad de implementar los micropagos de estampillas en forma segura, de educar a los usuarios y de cambiar un proceso ya establecido. Pero si pudiera hacerse, el spam dejaría de ser un problema.