Ogeid » 2003 » Diciembre

Almohada

Ahora que estoy en USA se me ocurren ideas de marketing como la siguiente:

Regalar almohadas muy cómodas a una audiencia seleccionada. Cada almohada contiene un dispositivo que activa una radio en su interior cuando detecta que las pulsaciones del usuario descienden a un nivel que indica que está dormido. Entonces la radio no hace más que emitir comerciales por un parlantito toda la noche, o hasta que la cabeza se separe de la almohada o las pulsaciones aumenten.

Androides

Esta es de no creer. Hoy a la tarde fuimos a Fry’s Electronics, una famosa cadena de artículos electrónicos de California. Tienen cualquier cosa, desde partes de computadoras hasta ventiladores, pasando por videojuegos, balanzas, revistas y junk food. Se caracterizan por tener los peores empleados que el salario mínimo puede pagar. Es muy raro encontrar alguien que pueda responder una duda más complicada que el precio de un artículo o la ubicación del baño en el local.

Compramos un par de artículos electrónicos y una revista. Fuimos a pagar, habían habilitado una sección extra de cajeros con motivo de las fiestas. Fuimos a parar a la caja número cuarenta, atendida por una amable señora de unos cincuenta y pico con nombre y acento armenio. Nuestros tres artículos fueron pasados por el lector de códigos de barras. Los dos primeros fueron marcados pero la revista, no. Desconcertada, la cajera comenzó a teclear números en la computadora. Primero pausadamente, luego aumentando el tempo hasta el allegro vivace. Su expresión facial me hizo pensar en Kasparov enfrentando a Deep Fritz.

No había caso: el sistema se negaba a aceptar la revista, cuyo precio igualmente estaba marcado en la tapa. Yo no tenía apuro y observaba la situación con curiosidad. Luego de un par de minutos la armenia se dio por vencida y llamó a su supervisora. Juntas intentaron vencer al sistema nuevamente sin éxito. Finalmente llegó la supervisora de la supervisora (luego de diez minutos) para indicarnos que no podían resolver el problema y que debían llevar la revista al departamento de software para que intentaran dilucidar si había algún problema con la base de datos.

En ese momento decidimos que la cosa no daba para más, dejamos la revista y partimos. La supervisora de la supervisora nos despidió con las disculpas del caso y deseándonos unas felices navidades.

Es la primera vez en mi vida que una computadora impide que pueda comprarme una revista. Temo por el futuro de la humanidad.

115 pies

Ayer fui a hacer un trámite a la DMV, la oficina pública donde se trata todo lo relacionado con licencias de conducir, infracciones y registros de automotores. En la puerta había pegado un cartel que decía: prohibido fumar a menos de 115 pies de esta puerta. Lo paradójico es que para poder leer el cartel hay que estar a menos de 10 pies de la puerta.

En fin, otra para mi gran archivo de boludeces norteamericanas.

Boleta

Estoy en la ciudad de Pasadena, California, para pasar las fiestas. Esta ciudad tiene la particularidad de que no se puede estacionar en la calle por más de dos horas si uno no es residente. Por lo tanto, los turistas no tienen forma legal de venir a pasar unos días en auto, a menos que se la pasen moviéndolo de una cuadra a otra. Tampoco es legal dejarlo pernoctar afuera excepto en un par de calles. La paradoja es que el auto es indispensable porque casi no hay transporte público.

Esta mañana dejé mi auto alquilado en la calle por dos horas y media y me encontré una boleta por 25 dólares, así que de ahora en más a mover el auto se ha dicho. Mirándolo desde el lado optimista es como jugar a la mancha por plata. Diversión sana para toda la familia.

Desde el tren

Hoy está lluvioso en Buenos Aires, igual que aquel día de agosto en que viajamos de Tokio a Kyoto en el tren bala (Shinkansen, en la lengua nipona). Esta foto le gustó a un amigo mío y por eso la comparto aquí. Ni idea de cuál será el producto o servicio ofrecido.