Ogeid » 2003 » Agosto

De vuelta en Los Angeles

Luego del viaje a Japón, volví a Los Angeles por unos días y seguí viaje. Me fui a Carolina del Norte a visitar a un amigo que está arreglando la casa de su familia en el medio de los Apalaches. Fue un gran contraste respecto de Japón, esa parte de Carolina del Norte se parece bastante al Condado de Hazzard de la vieja serie televisiva.

Me hubiera aburrido bastante de no ser por el juguetito que me traje de Japón: una Sharp Zaurus c760 PDA. Es una PC Linux de bolsillo, con formato de PDA, 64 MB de ram, tarjeta 802.11b, compact flash de 1 GB y monitor de 640×480. La compré en el barrio Akihabara de Tokio, meca de lo electrónico, comunicándome con el vendedor por señas y gestos. Tuve que editar unos cuantos archivos de configuración para traducirla del japonés al inglés, y le cargué un montón de juegos y música para el viaje. Me costó casi lo mismo que una PC de escritorio pero estoy muy feliz con la inversión. Durante el vuelo a Los Angeles me la pasé jugando al Vexed mientras escuchaba mp3.

En tres semanas vuelvo a Buenos Aires.

Hiroshima

Hoy estuve Hiroshima, en el lugar donde explotó la primera bomba atómica utilizada contra seres humanos. Es difícil describir las sensaciones que produce la recorrida por esa ciudad. Lo primero que llama la atención es una de las vistas más conocidas: el edificio municipal que quedó en pie porque estaba justo debajo de donde explotó la bomba y la onda expansiva fue puramente de arriba a abajo (las paredes resisten más las fuerzas verticales que las horizontales).

En la zona más afectada por explosión no se volvió a construir casas. Hay un parque de varias hectáreas. Es muy tranquilo y silencioso. Hay un museo al que no pensaba ir pero justo empezó a llover y decidimos entrar para no mojarnos.

Fue impresionante. Hay dibujos realizados por los sobrevivientes, narrando las imágenes de lo que vieron en los minutos posteriores a la explosión: gente sedienta muriendo en forma instantánea luego de tomar agua radiactiva de las fuentes públicas, gente carbonizada en la posición en que estaba en ese momento, esqueletos en el piso de un tranvía, entre otras. Hay varios objetos afectados por la explosión que se pueden ver y tocar: tejas fundidas, botellas retorcidas, sombras de personas grabadas en paredes quemadas por la radiación.

Después del museo pasamos por el castillo de Hiroshima, construido en 1589, destruido por la bomba y luego restaurado. Queda a 750 metros del hipocentro de la explosión. Caminando hacia allí (o en cualquier otra dirección) se atraviesa el centro de una ciudad como cualquier otra. Hay una calle peatonal que podría ser la Florida de Buenos Aires. Hay bares, restaurantes, estaciones de subte, negocios. Nada parece indicar que hace 58 años una bomba atómica mató a uno de cada tres de sus habitantes. Cada tanto se ve algún pequeño cartel que marca la distancia al hipocentro y entonces uno se acuerda de dónde está.

Por qué me fui de San Francisco

Este es el pronóstico del tiempo para los próximos días en San Francisco, en pleno verano. Van a ser los días más calurosos de la temporada (lástima el viento).

Héroe nacional

La ciudad de Kyoto le debe mucho a Astroboy, dado que los salvó de un sinnúmero de ataques perpetrados por robots maléficos.

Mikaka Tadura

Importantes instrucciones en el baño del hotel en Kyoto:

Chica con remera alusiva:

Fotos de Tokio

En el piso 45 del edificio de la municipalidad de Tokyo hay un stand de ventas de souvenirs en el que me reencontré con Astroboy, cuyo programa veía mientras tomaba la leche allá por 1976:

Por la calle vi a dos tipos abanicándose casi al estilo Loco Mía:

Tokio y me voy

Nos fuimos de San Francisco. Estuvimos en Los Angeles el fin de semana y, aprovechando una oferta de United, nos vinimos a Japón.

Llevo menos de un día en Tokio y ya aprendí bastante japonés:

hola – konichiwa
computadora – konpyuta
hotel – hoteru
tengo sed – yamasawa

Tokio es una de las ciudades más caras del mundo pero no es mucho peor que San Francisco. El ómnibus desde el aeropuerto de Narita al centro de la ciudad (66 km) cuesta unos veinticinco dólares, y es una buena forma de tener un pantallazo inicial de lo que es Tokio. Durante las dos horas del trayecto, me sorprendió ver bastante gente mirando televisión mientras maneja a paso de hombre en un embotellamiento de hora pico.

Otra cosa que me sorprendió es el inodoro high-tech del hotel: