Ogeid » 2003 » Mayo

Tercer mundo en USA

Hace un rato, en pleno centro de San Francisco, fui a tomar el Muni (especie de subte/tranvía). Para entrar a la estación había que poner un dólar en monedas en el molinete. Yo tenía sólo un billete de veinte. Había una máquina de cambio que me dio cuatro billetes de cinco. Al lado había otra máquina que cambiaba billetes de uno por monedas. Mi intuición me indicó que algo no cerraba. Qué hago con un billete de cinco, pensé, recordando la famosa novela Papillon. Fui hasta la ventanilla donde estaba el único empleado presente y le pregunté si me podía vender el boleto.

-No vendemos boletos. Tiene que conseguir un billete de un dólar y cambiarlo en las máquinas por monedas.
-Entonces, ¿Me da cambio de cinco dólares?
-No tengo efectivo. Hay un Burger King saliendo de la estación pero va a tener que comprarles una hamburguesa para que le den cambio.

Para los que no están al tanto del tema, el transporte público en USA suele ser desastroso por culpa del lobby de las empresas petroleras y automotrices a las que no les interesa que la gente maneje menos.

Discursos

A los norteamericanos les gustan mucho los discursos, el debate y la sanata en general. Les gusta escucharse hablar. Esto es algo que me llamó la atención desde mis épocas de estudiante de posgrado. En casi todas las materias, todos teníamos que dar charlas y presentaciones. En general la forma era más importante que el contenido.

Hace un par de días me aparece este item en el Outlook Calendar: 5:00 pm, celebración del release 2.5 del software en la cafetería de la empresa. En general evito este tipo de eventos pero esta vez no tuve más remedio que ir. La “celebración” consistió en lo siguiente: había un par de directores, varios gerentes y un barril de cerveza. Mientras la gente hacía cola para llenar su vaso, los directores y gerentes hablaban:

Director 1: quiero felicitar a todos por el gran esfuerzo realizado para cumplir con la meta del release 2.5. Todos trabajaron con mucha dedicación, etc. etc. etc.
(aplausos)
Director 2: Estoy de acuerdo con Director 1, es decir (sanata similar a la de Director 1, cinco minutos)
(más aplausos)
Gerente 1: Concuerdo con Director 1 y Director 2. Todos hicieron un gran esfuerzo (otra sanata de cinco minutos con algún intento de chiste)
Gerente 2: (la misma historia)

A las 5:20 no aguanté más y me escapé. Me pregunto si este tipo de situaciones ocurrirán en empresas argentinas. Espero que no.

Comodidad

Estoy en la cama con la laptop a modo de bolsa de agua caliente. Al pie de la cama tengo una biblioteca. Veo un libro (A mathematician reads the newspaper) pero no recuerdo el nombre del autor, tapado por otros objetos. Podría levantarme, caminar un metro y mirarlo. En lugar de eso, lo busco en Google. El autor es John Allen Paulos.

Eso es comodidad, para decirlo en forma elegante. O, como dice el slogan de las Yellow Pages, “let your fingers do the walking”.

Blogueando en público

En Inglaterra tienen estos teléfonos públicos con teclado y monitor para conectarse a internet. Lo que se ve en la pantalla indica la fecha aproximada de la foto.

teléfono público

Post gastronómico y snob

Luego de despotricar tanto contra este rincón del mundo, voy a hablar de una de las mejores cosas de San Francisco: la variedad culinaria. Estos años me hicieron descubrir los placeres de ciertas clases de cocina que en mi juventud porteña no se me hubiera ocurrido probar. Algunos ejemplos:

sushi: dicen que en San Francisco se come el mejor sushi del mundo fuera de Japón. Todavía no estuve por el imperio del sol naciente, pero en el último año he probado sushi en otros lugares y no puede compararse con el que se come acá. Antes de probar el sushi local yo no daba un mango por este tipo de cocina, me parecía una boludez snob digna de los De La Rúa juniors. En particular, hay un restaurante cerca de casa que se llama The Sushi Zone. Es un sucucho con capacidad para 16 personas en el que no aceptan tarjetas de crédito ni reservas. La primera vez, por curiosidad, me banqué una espera de una hora y media. La segunda tuve suerte y no había tanta gente. En ambos casos, mi paladar me lo agradeció.

comida india: En San Francisco hay bastante variedad, quizás debido a la enorme inmigración india que hubo en la zona del Silicon Valley. A mi oficina traen comida india una vez por semana y suele ser bastante buena. Mis amigos indios me llevaron a restaurantes que les gustan y voy bastante seguido porque los precios son accesibles. No llega al nivel de la de Londres, que es la mejor que probé hasta ahora.

Thai: El curry tailandés es uno de mis platos preferidos. Una vez llevé a unos amigos argentinos a probarlo y no pudieron soportar lo picante que era, aunque a mí no me había dado esa impresión. Aparentemente existe una “cultura de lo picante” similar a la cultura alcohólica. Una vez que uno se acostumbra, se vuelve una adicción.

mexicana: los burritos y los tacos son lo más barato que se puede comer en California, y bastante placenteros. Es posible llenarse hasta llegar al coma alimenticio por cinco dólares. No comprendo cómo puede haber gente que vaya a Taco Bell cuando hay un millón de taquerías (lugares mexicanos de comida al paso) mejores y más baratas.

Hay otras variedades que me gustan mucho, por ejemplo la cocina etíope (no es joda), de autor, italiana (con un estilo distinto del de Buenos Aires), afgana, etc.

Lo que sí, jamás he probado un bife como la gente en Estados Unidos. Hace varios años que dejé de intentarlo.

Facilitando el turismo

Algo que me llamó la atención viajando por Europa es lo poco desarrollado que está el tema del turismo en Buenos Aires, en particular respecto de la información necesaria para moverse. Para uno que vivió toda la vida en una ciudad es obvio cómo ir de un barrio a otro, cómo ubicarse, etc. Para un turista la cosa no es así, sobre todo si no habla el idioma.

Recursos de información que debería haber en Buenos Aires (si alguien sabe de alguno de ellos, le agradezco el dato):

Una página de internet que nos diga cómo ir de un punto a otro. Por ejemplo: para ir del Alto Palermo (Santa Fe y Coronel Díaz) a la estación Retiro:

-Ir a la estación de subte BULNES
-Tomar el subte línea D, dirección RETIRO
-Bajar en 9 DE JULIO y tomar el subte línea C, dirección RETIRO
-Bajar en RETIRO

Tiempo estimado: xx minutos

o bien

-Tomar el colectivo 152 en Santa Fe y Coronel Díaz.

etc.

Por supuesto, el sitio tendría que estar disponible en varios idiomas.

En cada parada de colectivo, subte o tren debería haber un mapa con un radio de tres o cuatro cuadras y un mapa más grande que muestre el contexto, con el recorrido de la(s) línea(s) que pasan por ahí. También deberían estar las frecuencias aproximadas de las líneas según los horarios.

Un servicio telefónico, posiblemente un 0-600, donde un sistema o un ser humano nos explique cómo ir de un lugar a otro, como complemento del sitio de internet. Debería ser por lo menos en castellano e inglés.

Quizás suene algo utópico para una ciudad como Buenos Aires y requiera una inversión importante, pero sin duda serviría para atraer el turismo. Algo que asusta a un turista es la posibilidad de perderse en un lugar extraño donde no pueda comunicarse con facilidad.

La matriz recargada

Este fin de semana vi The Matrix Reloaded. Fui con un grupo de gente para aliviar la espera (una hora de cola), dado que en USA los cines desconocen el concepto de localidades numeradas. Respecto de la película, me gustaron los efectos especiales y las escenas de acción. El argumento me decepcionó un poco. Me dio la impresión (probablemente acertada) de que el objetivo de la película era maximizar el retorno de la inversión por sobre todas las cosas. Para eso, es indispensable que el argumento sea comprensible para el 90% del público y que no ocurra nada demasiado inesperado o reñido con la moral y las buenas costumbres norteamericanas. En fin, mejor no revelar más detalles.

Como anécdota, me ocurrió lo siguiente: con este grupo de gente nos encontramos para comer una hora antes de la función en el hall del complejo de cines. Yo no tenía hambre así que me compré algo para comer durante la película. Al llegar a la sala después de una hora de cola, el tipo que cortaba las entradas me dice que no puedo traer comida “de afuera” al cine así que tengo que consumirla antes de entrar. ¿Cómo “de afuera” si la compré en el cine? No, me dice el tipo, ahora el complejo donde está el cine y el cine en sí son empresas distintas. Si quiero comer, tengo que comprar comida después de que me corten la entrada, dentro del cine. En ese momento todo el mundo está corriendo hacia la sala para no tener que terminar sentándose en la primera fila, así que mi reflejo me hace ignorar lo que me dice este individuo y alejarme velozmente. El tipo grita COMIDA NO AUTORIZADA y un patovica con una remera negra que dice SECURITY empieza a seguirme. Entro a la sala, me siento y se me acerca el mono. Me explica con más detalle lo que me dijo el otro. Yo le discuto en forma más o menos civilizada que lo que me dicen no tiene sentido, resignándome a que me confisque mi bolsa de comida mejicana. El patovica la deja pasar por esta vez.

Para esto, la entrada me había costado once dólares. Así es la industria del cine en Estados Unidos.

Volveré y seré fashion

En Copenhagen vi esto, aparentemente la marca es de origen danés y está expandiéndose por el mundo. Alguien tendría que proponerle a los dueños la creación de una línea de trajes Carlo Menemi.

Evita Peroni

Cenicero de moto

Este es el cenicero portátil que vi en Berlín. Menos mal que no fumo.

cenicero portátil

Dinamarca

Estoy en Copenhaguen, o, escrito en la lengua local, København. Llegué hace un par de horas, luego de perderme un poco por el interior de Alemania, cuando agarré la calle SchtltAslchtlStrasse cuando en realidad debía doblar en ShllchttAlschtlStrasse, o algo así.

Cuando pasé con el auto por la ventanilla donde se paga el ferry, el tipo me preguntó:

- Wohin gehen Sie?
- Ehhh… me repite la pregunta?
- Ja, wohin gehen Sie?
- Ich, Argentinien (yo, argentino)
- Wohin gehen Sie, dummkopf?

Esto me viene pasando seguido por estos pagos. Mi duda ahora es como pronunciar cosas como Jæløkaven zu låzortæenøn cuando me preguntan adónde voy. Por suerte, parece que acá casi todos hablan inglés.