Es cierto que ocuparse de las cosas es mejor que preocuparse. Al fin y al cabo preocuparse no sirve para nada. Preocuparse es pensar en un problema en forma no constructiva, angustiándose y dándole vueltas en la cabeza sin tomar decisiones o seguir pasos para solucionarlo.
Yo también creo en la frase que cita @briascoi en Twitter:
“Si un “problema” no tiene solución, ¿Por qué preocuparse? Y si la tiene, ¿Por qué preocuparse?”
A la que respondí “porque somos seres humanos, no computadoras”.
Con esto lo que quiero decir es que sería ideal vivir la vida de esa manera. Es válido intentarlo, y resulta productivo ante un problema. Justo se da la casualidad de que el ejemplo del auto que Ismael cita en su post es exactamente lo que estoy haciendo yo esta semana, sin haber llegado a los problemas que el tuvo.
Cuando digo que no somos computadoras, me refiero a que no todo en la vida está planteado claramente como problemas a solucionar. En el caso de Ismael, el dice que no solucionó su problema antes “por idiota”. Yo creo que eso no es cierto. Simplemente le tomó tiempo darse cuenta de la situación y entender que tenía un problema, porque no es un robot.
Todos pasamos por distintas situaciones en la vida cotidiana que nos producen ansiedad, angustias, miedos, etc. Algunas de estas situaciones son problemas y tienen solución. Otras son potenciales problemas, contra los que no se puede más que tomar algunos recaudos y aumentar las probabilidades de que no ocurran, o de que nos afecten lo mínimo posible. Otras situaciones son inevitables como la muerte, el paso del tiempo, los imprevistos, etc. No tienen solución, y lo ideal sería no pensar en ello. Por supuesto es imposible no preocuparse cada tanto ante situaciones hipotéticas.
Existe un nivel de preocupación normal de todos los seres humanos que no nos paraliza y nos deja hacer cosas. Muchas veces reconocemos que algo es un problema a partir de una sensación de intranquilidad o angustia que finalmente logramos poner en palabras e identificar. Llegado ese punto podemos ocuparnos, plantear los pasos a seguir y con suerte pasar a otra cosa. Por otro lado está la preocupación patológica: una vez que tenemos un problema identificado y le seguimos dando manija sin tomar pasos adecuados para resolverlo, estamos quemando energía en forma obsesiva. Si fuéramos computadoras simplemente apagaríamos esa conducta y seguiríamos el diagrama de flujo para solucionar los problemas que podemos y olvidar los otros.
Como no somos computadoras, todos nos encontramos en mayor o menor medida con la preocupación patológica en algún momento de nuestras vidas. Para muchos de nosotros no es grave y no nos paraliza, pero hay gente que simplemente no puede evitarlo. Algunas personas simplemente tienen más neurosis obsesiva que otras. Donde disiento con Ismael es en mi opinión de que la psicoterapia no es para “víctimas” sino para ayudar a mucha gente a lograr esta forma de manejarse en la vida que por suerte a él le sale naturalmente. Es necesario un cierto equilibrio de base para poder funcionar así, y es ingenuo pasarle esa receta a cualquiera sin saber cuáles son sus circunstancias.